Bilbao y la mayoría silenciosa

Ibon Areso, teniente alcalde del Ayuntamiento de Bilbao, escribe este artículo en DEIA muy ilustrativo y clarificador, como suele ser habitual en él. Recomiendo su lectura para comprender la posición política de algunos partidos que luego se suman al "caballo ganador".

La unánime satisfacción que se constató en la reciente ceremonia de la colocación de la primera piedra de un tramo de la línea tres del metro de Bilbao, tras las controversias y descalificaciones que suscitó la misma, trajo a mi memoria una constatación: prácticamente ninguno de los proyectos que han tenido una contribución importante al proceso de mejora y transformación de Bilbao ha estado exento de polémica y oposición.

Este fenómeno suele tener tres motivaciones u orígenes diferentes:

En primer lugar, el propio debate partidario, que, siendo legítimo con carácter general, en ocasiones consiste en poner trabas y obstáculos a la acción de quienes, en cada caso, tienen la responsabilidad del gobierno.

En segundo lugar, las plataformas anti que surgen contra la mayoría de las iniciativas transformadoras o innovadoras que el desarrollo de la ciudad requiere. Es el fenómeno que en Cataluña y Levante se conoce con el nombre de "Salvem", salvemos en catalán. Es cierto que en algunas ocasiones estos movimientos ciudadanos han contribuido a evitar despropósitos y actuaciones claramente incorrectas, pero no es menos cierto que con carácter general surgen contra la práctica totalidad de las actuaciones que se proponen, por razonables que ésta sean.

Y en tercer lugar, lo que podríamos denominar políticas de portal. Casi todas las actuaciones transformadoras de una ciudad pueden conllevar algún perjuicio particular, aunque éste sea claramente inferior al beneficio obtenido para la ciudad y el conjunto de sus habitantes, lo cual no es obstáculo para que el grupo afectado además de evidenciar su protesta, trate de razonar y justificar su oposición en criterios de interés general.

En estos casos, además, ocurre frecuentemente, que los temidos perjuicios particulares luego no han sido tales y que una vez ejecutada la obra se ha producido una revalorización de esas viviendas.

Como la memoria es flaca, hagamos un recorrido por nuestra reciente historia en Bilbao.

En primer lugar, debo de citar al museo Guggenheim, iniciativa que tuvo una característica que creo que no concurrió en los demás ejemplos que voy a citar, ya que en este caso la oposición al proyecto tuvo un carácter muy mayoritario, lo cual se explica bastante fácilmente: en un momento de fuerte crisis industrial, se entendía que todos los recursos públicos disponibles debían de destinarse a sostener el aparato productivo y que, en esas circunstancias, invertir 133 millones de euros en un museo de arte moderno y contemporáneo era una auténtica frivolidad. Pero también se generaron oposiciones particulares de las que he denominado políticas de portal, ya que como Delegado de Urbanismo recibí en varias ocasiones a un grupo de vecinos de Alameda de Mazarredo, que se oponían de forma vehemente a su construcción porque les iba a tapar sus vistas a Artxanda.

La oposición vecinal más antigua y posiblemente la que me resultó más paradójica, fue la que atendí en mi etapa de director del Plan General y que se organizó bajo el nombre de "plataforma contra la cubrición de la Avenida del Ferrocarril", la cual motivaba su oposición alegando las molestias que la circulación de vehículos iba a producir a sus residentes y digo que paradójica ya que no me imaginaba a los vecinos de Sabino Arana, la otra calle con idénticas dimensiones de anchura, cincuenta metros, y con mayor intensidad de tráfico, solicitando, como mejora, que se excavase una trinchera por la que circulasen los trenes.

La ceremonia de inauguración del metro en la Plaza Elíptica en noviembre de 1995, estuvo acompañada por una importante manifestación con pancartas de los que se enfrentaban a la construcción de este medio de transporte.

El proyecto de urbanización del paseo y los jardines de Botica Vieja tuvo también una importante contestación por parte de vecinos que daban frente a los mismos, los cuales exigían que se mantuviera la carretera que iba por el borde de la Ría, a fin de alejar el tráfico de sus ventanas, posición que contó, al menos en las manifestaciones que se hicieron públicas, con el apoyo y solidaridad del resto de los vecinos de Deusto.

También fue rechazada la apertura de la calle Abusu en La Peña, barrio que se alimentaba exclusivamente por la estrecha calle Zamakola, obligando a que la misma fuese de doble dirección, por lo que resultaba caótica de forma cotidiana por las operaciones de carga y descarga y dejaba ocasionalmente sin acceso al barrio ante cualquier reparación de las infraestructuras subterráneas. Además esta operación aportó un considerable número de plazas de aparcamiento y facilitó la remodelación de la Campa de Ibaizabal, auténtico corazón del barrio.

La semipeatonalización de la Gran Vía y la peatonalización de un tramo de la calle Ercilla tampoco fueron pacíficas, lo mismo que el proyecto de Abandoibarra que posteriormente recibió el 1º premio de la Bienal de Venecia de "Ciudades Frente al Agua".

Para no extenderme finalizaré haciendo referencia a las dificultades que tuvimos para la apertura de la calle Alameda de Rekalde y la del Ensanche a la Ría a través de Isozaki Atea, proyecto cuya alternativa era poner su aprovechamiento edificatorio de forma horizontal en las manzanas de Uribitarte, frustrando el objetivo de abrir la calle Ercilla a los paseos de Uribitarte y Campo de Volantín.

También existieron algunas actuaciones más pacíficas como la transformación de la estación de mercancías de Ametzola y sobre todo el relleno de la Ría en la zona de la Avenida de la Universidades, a fin de sustituir la exigua acera de 1m. por un paseo de ribera, obra que considero que fue la gran excepción ya que no recuerdo que tuviese ninguna opinión contraria.

Tras este recorrido por actuaciones que han sido básicas para la transformación de Bilbao, debemos de realizar algunas reflexiones.

En primer lugar, las complicaciones que surgen de la dinámica política en la que en una gran mayoría de las ocasiones, los grupos de la oposición se adhieren con entusiasmo a estos movimientos minoritarios bajo el concepto de "defensa de los vecinos", aunque con ello realmente no se esté defendiendo el interés colectivo mayoritario y, supongo, que bajo el cálculo de que los vecinos afectados me lo van a reconocer y la mayoría que resultaría beneficiada no me lo tendrá en cuenta.

En gran parte de las ocasiones, una vez concluido el proyecto origen del conflicto, la aceptación del mismo alcanza también a los colectivos que se opusieron al mismo, los cuales bajo ningún concepto admitirían volver a las situaciones que defendieron.

También se aduce frecuentemente, que suele haber un problema de comunicación y que había que haber explicado mejor el proyecto, pero la realidad es que a pesar de las múltiples reuniones y debates, las posiciones adoptadas inicialmente suelen ser prácticamente inamovibles.

En política solemos referirnos en ocasiones al concepto de la mayoría silenciosa y creo que con la citada excepción del Museo Guggenheim, los distintos proyectos que han dado lugar al nuevo Bilbao han contado con la conformidad de una gran parte de sus ciudadanos. El problema surge de que la minoría que se halla disconforme amplifica su postura a través de los medios de comunicación mientras que la mayoría restante no opina, delegando la defensa de esas actuaciones en la administración en la que se sienten representados.

Esto tiene como consecuencia que en el debate mediático se visualizan con mucha fuerza las posturas contrarias, dando la impresión de que la oposición a cada una de esas actuaciones es mucho más generalizada y que el Ayuntamiento no escucha a los ciudadanos, actuando en contra de la población, lo cual también es alimentado, muy frecuentemente, por los grupos de la oposición.

En conclusión, ¿sería el nuevo Bilbao el mismo sin el metro, con la trinchera del ferrocarril abierta, con el barrio de La Peña alimentado exclusivamente por la calle Zamakola, sin la apertura de la Alameda de Rekalde, sin la conexión de la calle Ercilla con la Ría a través de Isozaki Atea, con la Gran Vía manteniendo su anterior diseño, con una carretera al borde de la Ría en Botica Vieja…, como han defendido colectivos y partidos políticos en muchas de las ocasiones?

Son los bilbaínos quienes tendrán que responder a estas preguntas finales de mi reflexión.

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Comentarios

Bueno, pero esto es como

Bueno, pero esto es como todo...

como buen freak, y llevandolo al terreno tecnológico.

Hace 10 años, cuando me compré el movil, la gente me decía que era un pijo y que para que ostias lo quería.

hace 13 o 14 años, cuando tuve internet con arrakis, la peña me decía que para que quería eso, que no valía para nada.

Y hace 30 años, un lumbreras de IBM dijo que no veia necesidad de que la gente tuviese un ordenador en casa... suma y sigue...

P.D no estaría mal que ampliases las columnas de este textarea, que es mu txikitito Tongue

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