Realpolitik
Muy interesante el artículo de hoy de José Luis Zubizarreta en El Correo Español llamando a las cosas por su nombre, es decir, al PSE como partido sucursalista. Claro que no hace falta que lo diga él, se ve a la legua, pero no está de más que incluso en los periódicos españoles se reconozca al PSE como una simple sucursal del PSOE.
Con el intercambio de apoyos en los Presupuestos de Madrid y de Vitoria, el PSE recibe el golpe donde más le duele: en su nunca desmentido sucursalismo
Andan estos días los socialistas vascos cantando, por adelantado y al unísono, las alabanzas que merecería un eventual apoyo suyo a los presupuestos del tripartito de Ibarretxe. Su secretario general, Patxi López, no deja pasar comparecencia ante los medios sin combinar acerbas críticas a la política global del Ejecutivo de Vitoria con mensajes de disposición al entendimiento en asuntos socio-económicos. Txarli Prieto, su homólogo en Álava, no se sabe si para reparar el daño que su imagen sufrió a raíz de las negociaciones que condujo en solitario para quedar excluido del gobierno foral del territorio o si, por el contrario, para dejar constancia de su proclividad a la contumacia en el error, se ofrece a estampar su firma en un artículo publicado hace unos días en este periódico para refutar, preventivamente, todas y cada una de las objeciones que contra la eventualidad del mencionado apoyo podrían esgrimirse desde la izquierda o desde la derecha. «La responsabilidad con la ciudadanía en estos difíciles momentos de crisis» es el argumento que se ha consignado en el manual de campaña, y a él se atienen los socialistas vascos con ejemplar docilidad.
Ahora bien, tanto la precipitada antelación en defender lo que, sin haber todavía ocurrido, se da ya por inevitable, como la impostada exageración en erigir a la categoría de bien supremo lo que no sería, en el mejor de los casos, sino un mal menor difícilmente soportable, tienden a producir en el ciudadano el efecto contrario al que se persigue. Y es que la sensación de ‘excusatio non petita’ o de ‘gato encerrado’ que deja en aquél el sobreesfuerzo argumental de los socialistas a la hora de defender este su indefendible apoyo presupuestario apenas puede disimularse ni por parte de sus más fervorosos seguidores.
A éstos, si de explicar se tratara -ya que justificar les resulta imposible- los argumentos que sus compañeros vienen empleando en este punto, sólo les quedaría recurrir a esa frase que tanto vale para un roto como para un descosido y que suele formularse como «la sabiduría de hacer de la necesidad virtud». Poco convincente, sin duda, pero lo suficientemente sugestiva como para poner al más incauto sobre la pista de lo que aquí está tramándose y que el ciudadano corriente habrá podido ya descubrir con sólo abrir los ojos.
Digamos, para ser benévolos, que nos encontramos ante un típico ejemplo de esa Realpolitik a la que el señor Zapatero tan aficionado está demostrándose en los últimos tiempos y que no es sino una manera inmerecidamente solemne de designar la pedestre política de salir del paso. Se templan gaitas con Rusia tras su declaración unilateral de la independencia de Osetia y Abjasia, mientras se apela al orden internacional para negarse uno mismo a reconocer la de Kosovo. Igual se fustiga, en el interior, el derechismo del Partido Popular en la política socio-económica y de inmigración que se da el visto bueno, en Europa, a la ampliación de la jornada laboral hasta las 65 horas o a la detención policial casi ilimitada de los inmigrantes ilegales. Y, viniendo a nuestro caso, ninguna objeción política se encuentra en intercambiar apoyos presupuestarios con quienes, además de poner en solfa el orden constitucional común, te han declarado, a título personal, su enemigo número uno y denunciado ante el Tribunal de Estrasburgo por la minucia de violar derechos humanos fundamentales. Todo es bueno para el convento, aunque el donativo sea ofertado por un impenitente blasfemo. Cualquier cosa con tal de escapar al ridículo de presentarse, a seis meses de las elecciones, desnudo ante el Congreso y forzado a prorrogar los Presupuestos.
Gana en esto, sin duda, Zapatero, al menos en el corto plazo. Ganan también el PNV, que puede presentar ante el electorado su cara más moderada y responsable, y, de rebote, Ibarretxe, quien, sin contrapartida alguna, podrá volver a disimular, por cuarto año consecutivo, su precariedad parlamentaria y situarse, de ser candidato, con una inicial ventaja comparativa frente a su rival Patxi López. Pierden, en cambio, el PSE y la ciudadanía.
El PSE recibe el golpe allí donde más le duele: en el talón de Aquiles de su nunca desmentido sucursalismo. Cuando actúa de forma autónoma, puede apelar a la radicalización de Ibarretxe para vetar la fusión de las Cajas. Cuando, por el contrario, ha de dar muestras de docilidad, esa misma radicalización no es óbice para sacarle las castañas del fuego en el nada trivial asunto de los Presupuestos.
La ciudadanía, por su parte, se sentirá desconcertada. La política le parecerá, más que nunca, oficio de trileros. Lo que hasta ayer era motivo de la más enconada disputa se disuelve hoy, por mor del interés más cortoplacista, en un quítame allá esas pajas. Insondable, en verdad, el motivo por el que aún votan los que votan.
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http://www.deia.com/es/impresa/2007/10/26/bizkaia/ekonomia/411761.php
¿Quién te ha visto y quién te ve, Gregorio Rojo?