El falsario de Zapatero
Leyendo a URKITALDE llego a esta página de El Confidencial donde cuentan una historia que llama mucho la atención.
En 1986, José Luis Rodríguez Zapatero era profesor de Derecho Político de la Universidad de León y se acababa de estrenar como en el Congreso. Por esos años tenía tiempo para publicar trabajitos en diferentes medios, por ejemplo en la revista LA LEY, especializada en el mundo del Derecho.
El trabajo se titula El Referéndum Consultivo del Artículo 92 de la Constitución Española de 1978: Un Análisis Crítico, y en él el presidente del Gobierno arremete contra a redacción del citado artículo, que, en su opinión, no sirve para acercar a los ciudadanos ‘al ideal democrático”. Zapatero habla de que la apelatio ad populum (la apelación al pueblo) puede llegar a convertirse en “un arma peligrosa”, toda vez que puede degenerar en un plebiscito. Y lo que es todavía peor. Zapatero critica que la Constitución hable de referéndum consultivo, lo que es radicalmente contrario al ejercicio de la soberanía popular. Si los ciudadanos deciden una cosa, eso es Ley, viene a decir el presidente del Gobierno, de ahí que sobre el apelativo de ‘consultivo’.
En su escrito, Zapatero parte de un hecho. “En la fase actual del Estado constitucional democrático, en la que reina el imperio de la democracia indirecta, fundamentalmente a través del papel mediador de los partidos políticos, existe una tendencia, tanto en los textos constitucionales como en la praxis política, a acoger con muchas reservas las instituciones de democracia semidirecta”. Es decir, es su opinión, “la ley del péndulo parece inclinarse en la hora actual hacia el lado de las tesis representativas, a diferencia de lo sucedido en el período de entre guerras”, cuando las consultas populares estuvieron en pleno apogeo como un instrumento de democracia directa.
En su opinión, esa oscilación del péndulo tiene que ver con la demostración empírica de que la introducción de esas fórmulas (los referendos) no produce “la sanación de los vicios del parlamentarismo (recuérdese lo sucedido en el régimen de Weimar); y de otra parte, al igual que sucediese en determinados momentos del siglo XVIII, la apelatio ad populum ha servido, en ocasiones, para quebrar lo que podríamos considerar como el último gran avance de la racionalización de la política por el Derecho: la consolidación del principio de constitucionalidad”.
Para el presidente del Gobierno, el problema actual de las democracias no es la partitocracia, “sino conseguir que los partidos funcionen… que los partidos sean reconocidos como intérpretes concretos de las grandes masas de la población y eso es lo fundamental”.
Fraga y las consultas populares
Zapatero recuerda en su artículo que durante los debates constitucionales, existía una posición más restrictiva en el uso de referendos apoyada por los grupos socialista y centrista. Frente a ellos, asegura el presidente del Gobierno, “el diputado Fraga Iribame defendía un reconocimiento amplio de las instituciones de democracia semidirecta, sustentando su postura con argumentos como el siguiente: ‘Entiendo que el tema de la democracia semidirecta y directa es un tema capital en el equilibrio de la verdadera democracia. Pertenezco a un partido populista que no acepta el desprecio a la plebe, que implica el desprecio de los plebiscitos”.
Dicho esto, el actual inquilino de la Moncloa asegura que tal y como está redactado el artículo 92 de la Constitución, puede hablarse de un “referéndum de orientación plebiscitaria”, de ahí sus críticas a la Carta Magna, ya que, “sin que se pueda negar que se inscribe en una lógica de normalidad democrática, no es menos cierto que sería miope no advertir las potencialidades intrínsecas de una consulta popular que únicamente se puede poner en marcha por iniciativa del presidente del Gobierno”. Y que, además, tiene por objeto algo tan excepcional e indeterminado como es una ‘decisión política de especial trascendencia’, como dice la Constitución. Como se ve, una carga de profundidad contra la redacción del artículo que establece los términos básicos para poder celebrar un referéndum.
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Su última frase parece premonitoria. “Esperemos que la utilización de esta figura se efectúe con conciencia de los riesgos que contiene. No olvidemos que las normas pueden tener una fuerza actuante, aunque no estén adaptadas a las circunstancias de la realidad. Quizá en el fondo de todo esto lo que sucede es que las clásicas instituciones de democracia semidirecta no sirven en la actualidad para un mayor acercamiento al ideal democrático”. Palabra de presidente en sus tiempos de profesor de Derecho Político.
Como buen manipulador en 22 años ha cambiado su discurso. Lo importante es negar el derecho a decidir al pueblo vasco, ese es el rasgo común de todos los presidentes del gobierno monclovitas.
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Me da más miedo Bermejo
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PNES